ART-GOT
Mirada de Nigro Mater: Oscuridad Luminosa.

NIGRO MATER

Una voz en la Gran Obra

Nigro Mater es el nombre con el que firmo ART-GOT. Para entender mi vida necesito volver la mirada hacia mi propio interior. Ese ENTENDIMIENTO nace en mi propia CONSCIENCIA.

No es otra persona. No es un personaje que hable en mi lugar ni una identidad detrás de la cual pretenda esconder la responsabilidad de lo que escribo. Es el pseudónimo que me permite hacer pública mi obra y, al mismo tiempo, mantener mi identidad civil en el ámbito privado.

Todo lo que aparece firmado por Nigro Mater me pertenece. Son míos sus pensamientos, sus preguntas, sus dudas, sus errores y sus cambios de respuesta.

No soy un maestro. Soy un alumno curioso de mi propia vida.

Una mano firma Nigro Mater sobre un manuscrito.

El negro absoluto

Una de las raíces más antiguas de mi forma de pensar no está en los libros ni en una escuela filosófica. Está en una experiencia vivida durante mi infancia.

Desde que tenía aproximadamente dos años padecí crisis de acetona. Durante aquellas crisis la luz realmente me hacía daño. La fiebre subía dos veces al día y, entre ambas subidas, mi cuerpo continuaba febril. Las náuseas no desaparecían. El movimiento las agravaba y, si permanecía inmóvil, al menos podía evitar vomitar.

Las contraventanas de madera de mi dormitorio se cerraban hasta impedir por completo la entrada de la luz.

No era penumbra.
No había un hilo de claridad.

No podía distinguir los muebles, las paredes ni el perfil de mi propio cuerpo. Con los ojos abiertos o cerrados, nada se dibujaba en el ambiente.

Solo existían el negro absoluto y el cuerpo ardiendo por la fiebre.

Aquella oscuridad no era entonces un símbolo. Era un hecho físico. Tampoco era una elección, un retiro ni un ejercicio espiritual. Era el lugar en el que debía permanecer inmóvil mientras el cuerpo atravesaba la enfermedad.

En un campo negro apenas se distingue el rostro de un niño febril.

Pensar para seguir siendo

En aquella inmovilidad podía pensar.

No necesitaba luz para hacerlo. El dolor, la fiebre y las náuseas ocupaban el cuerpo, pero no podían impedir por completo la actividad de la mente.

Pensar se convirtió en una forma de comprobar que yo seguía allí.

Las preguntas aparecieron antes de que pudiera responderlas: quién era, por qué existía, qué significaba existir, qué quedaba de mí cuando nada exterior confirmaba mi presencia.

No poseía las palabras con las que hoy cuento aquella experiencia. El niño no hablaba de consciencia, identidad o percepción interior. Es el adulto quien intenta reconocer y nombrar ahora lo que aquel niño vivió.

Para mí, pensar es liberador. Jamás me agotó pensar, incluso cuando desconocía el motivo que me inducía a hacerlo. El acto de pensar es luminoso y hermoso. Así vivo el pensamiento; el dolor de aquella habitación no contiene toda mi experiencia de pensar.

Con el tiempo llamé el Observador a esa posición desde la que podía atender a lo que ocurría en mí sin confundirme por completo con ello. No afirmo que naciera acabado, ni que la enfermedad me entregara una facultad extraordinaria. Digo que reconozco una continuidad entre aquella atención temprana y mi manera posterior de mirar, preguntar y pensar.

Un niño febril y sudoroso; conexiones luminosas enlazan su pensamiento con una galaxia.

La oscuridad que después se volvió símbolo

Mucho más tarde, el negro físico de aquella habitación adquirió para mí un sentido simbólico.

Lo llamo Oscuridad Luminosa no porque hubiera luz en el dormitorio —no la había—, sino porque, al recordar y examinar lo vivido, comprendí que la ausencia de imágenes exteriores no había supuesto la ausencia del pensamiento.

La expresión pertenece a mi lectura adulta. No transforma el sufrimiento en un regalo ni convierte la enfermedad en destino.

El dolor fue dolor. La fiebre fue fiebre. La oscuridad fue oscuridad absoluta.

Lo que cambió con los años fue mi manera de interrogar aquella experiencia.

Un perfil humano oscuro con una red luminosa interior, representación simbólica del pensamiento.

CONSCIENCIA y ENTENDIMIENTO: volver la mirada hacia mi interior

Para entender mi vida necesito volver la mirada hacia mi propio interior. Una descripción de lo que me ha sucedido puede darme conocimientos sobre mi recorrido, pero no puede realizar por mí el acto de entenderlo. Ese ENTENDIMIENTO nace en mi propia CONSCIENCIA.

Mi biografía no puede reducirse a esa habitación. Después llegaron la recuperación, el encuentro con el mundo exterior, la violencia, el aprendizaje, el amor, la pérdida, el trabajo, los errores y las decisiones. Llegaron también respuestas que durante un tiempo creí suficientes y preguntas que terminaron por desbordarlas.

Una pregunta y sus definiciones nunca, jamás, pueden contener a un ser humano.

Por esa razón distingo en mi biografía al menos tres planos:

  • los hechos que viví;
  • la forma en que esos hechos participaron en la formación de mi pensamiento;
  • la interpretación con la que hoy intento entenderlos.

Los hechos no cambian porque cambie mi interpretación. Mi interpretación, en cambio, sí puede evolucionar. Una explicación que ayer parecía contener una pregunta puede dejar de contenerla mañana.

Eso no borra mi vida. Muestra que continúo pensando.

Es en ese interior, donde el ENTENDIMIENTO nace en la CONSCIENCIA, donde sitúo el nacimiento del TERCER OJO: el centro de la INTUICIÓN. Una gestación espiritual en el sentido humano, no religioso.

En mis pensamientos MULTICAPA, la INTUICIÓN surge de relaciones libres y sin prejuicios entre los PENSAMIENTOS. Son relaciones libres y arbitrarias, dirigidas por la CONSCIENCIA y el ENTENDIMIENTO. La INTUICIÓN surge espontáneamente: no puedo dirigirla en un RUMBO CONCRETO. Sólo puedo OBSERVAR.

En la siguiente página, El Tercer Ojo, me detendré en esta capacidad.

Una mujer con los ojos cerrados, conexiones luminosas en la cabeza y un tenue ojo de Horus en la frente.

Pensar no es conservar respuestas

Para mí, pensar significa plantearse preguntas constantemente y responderlas con honestidad y con la misma constancia, aunque las respuestas sean incompletas o estén equivocadas.

La honestidad no convierte una idea en verdad absoluta. La obliga a mostrar de dónde nace, qué puede sostener y dónde encuentra sus límites.

Cuando una respuesta deja de contener la pregunta, no intento encoger la pregunta para conservar la respuesta.

Dejo que la pregunta vuelva a abrirse. Si encuentro una respuesta más apta, sustituyo la anterior. Y sé que la nueva tampoco tiene por qué ser definitiva.

Mientras recorro un pensamiento pueden surgir otros. Mi entendimiento se bifurca, toma distintas rutas y, en ocasiones, no regresa a la original. Varios recorridos pueden suceder simultáneamente, aunque mi pensamiento no siempre esté activo con la misma intensidad.

No mantengo presentes todas las respuestas alcanzadas. Regresan a mi entendimiento cuando necesito reconsiderarlas. Una respuesta puede haber sido validada y permanecer durante años sin que eso la convierta en eterna.

Eso es evolución.

Sé que soy. Sé que no sé. Por eso busco constantemente para entender.

Respuestas guardadas que se recuperan y vuelven a relacionarse.

ENTENDIMIENTO: entender es penetrar en la esencia de la realidad

No utilizo entender como sinónimo de acumular información. El conocimiento puede transmitirme descripciones, experiencias e ideas; no puede realizar por mí el acto de entender.

La comprensión permite reconocer lo que sucede y captar su significado inmediato. El discernimiento examina, distingue y contrasta lo percibido, lo aprendido y lo imaginado. El entendimiento relaciona causas, experiencias y significados hasta transformar la mirada de quien entiende.

Al relacionar y transformar esa mirada, el entendimiento también abre posibilidades de creación: permite descubrir algo que puede hacerse y encontrar cómo convertir esa posibilidad en acto.

El ser humano no inventó la rueda porque conociera su definición, sino porque entendió lo que una forma circular podía hacer. No creó y utilizó el fuego porque supiera nombrarlo, sino porque entendió una relación posible con él. No voló como los pájaros: entendió que podía construir un aparato capaz de hacerlo.

Miguel Ángel recibió un gran bloque de mármol blanco de Carrara y entendió que de aquella materia podía extraer el David. La escultura no estaba terminada dentro de la piedra esperando pasivamente. Existía primero como posibilidad entendida, y ese entendimiento dirigió la inteligencia, la técnica, el esfuerzo y la mano que la hicieron real.

Ese acto interior también importa al intentar entender mi propia vida o a otra persona. Recibir una descripción de alguien no equivale a entenderlo. Un libro puede transmitirme conocimientos, pero no puede realizar por mí el acto de entender: ese entendimiento debe originarse en mi propia CONSCIENCIA.

Por eso sostengo que la inteligencia nace del entendimiento.

Puedo equivocarme al formularlo. También esta respuesta permanece abierta a nuevas preguntas.

Un hombre utiliza una palanca y un punto de apoyo para mover una roca.

Por qué Nigro Mater

Elegí el nombre Nigro Mater porque reúne dos realidades que atraviesan mi obra: la oscuridad de la que procede una parte de mi experiencia y la materia de la que emerge toda forma.

No presento su significado como una etimología académica ni como una verdad religiosa. Es mi lectura simbólica:

Mater Terrae <> Ma-Teria <> Ma-ría.

En esa lectura, María es la Madre Tierra fecundada por el Sol; por eso es virgen. La Tierra recibe la luz, la transforma y hace nacer formas sin dejar de ser ella misma.

Nigro Mater nombra para mí la matriz oscura que no es vacío estéril, sino posibilidad todavía no formada.

No es una figura exterior a la que deba obedecer. Es una clave con la que interrogo mi origen, mi pensamiento y mi relación con la vida.

Sello simbólico de Nigro Mater.

No estudies mis textos. Debes ser tú el centro de tu estudio.

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