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El mismo ser, reflejado como bebé y anciano en dos momentos de una vida, bajo las palabras latinas Tota vita mea in speculo

EL UMBRAL

El comienzo del entendimiento

ART-GOT es mi obra filosófica y simbólica. La he creado como aportación a la Gran Obra: la búsqueda de autoentendimiento que la humanidad comparte y que cada persona debe realizar desde su propia CONSCIENCIA.

No soy un maestro, soy un alumno curioso de mi propia vida.

Utilizo el lenguaje de la alquimia, el arte, los símbolos y las preguntas para explorar la identidad, la percepción, el pensamiento, el discernimiento, el entendimiento y el sentido de la vida.

No encontrarás aquí una doctrina que debas aceptar.

Tampoco encontrarás respuestas destinadas a sustituir las que ya percibiste.

Encontrarás un espacio desde el que observarlas.

EL UMBRAL comienza con una pregunta incómoda:

Define quién eras en el momento de tu nacimiento. No recurras a las respuestas que has aprendido.

No podías responder con tu nombre: todavía no lo conocías.

No podías definirte por tu familia, tu nacionalidad, tu religión o tu cultura: aún no sabías que pertenecías a ellas.

No podías recurrir a tu historia: apenas había comenzado.

Puedes responder que eras un bebé, un cuerpo o un ser humano. Esas palabras expresan lo que ahora sabes sobre aquello que eras.

La pregunta permanece:

Antes de aprender a definirte, ¿quién eras?

Nadie puede responder por ti.

Todas las respuestas residen en el «SER». Solo hay que atreverse a formular las preguntas y buscar sus respuestas en el propio «SER». Fuera de él podemos encontrar conocimientos, indicios y palabras capaces de orientarnos, pero casi nunca respuestas honestas: estas solo pueden ser reconocidas desde el propio «SER».

Eso no convierte mi respuesta en la tuya. Sitúa la búsqueda allí donde nadie puede realizarla en tu lugar.


El primer Umbral: SER antes de las respuestas

El hilo de tu vida comenzó a desplegarse cuando fuiste concebido.

Ahora retrocede en tu imaginación hasta el momento exacto de tu nacimiento: el primer Umbral visible.

Antes de que pudieras pronunciar tu nombre.

Antes de conocer las palabras con las que otros explicarían quién eras.

Antes de saber a qué familia, cultura, religión, nación o historia pertenecías.

En ese momento eras un ser de luz.

No tenías lenguaje, pero sí SABIDURÍA.

El recién nacido todavía no puede nombrarse a sí mismo. En esa ausencia de definiciones reconozco su pureza. No es oscuridad. Es luz anterior a las respuestas.

Cuando hablo de espíritu puro me refiero al espíritu de un bebé, todavía no contaminado por la sociedad. Esa pureza no consiste en santidad religiosa, superioridad moral, conocimiento correcto ni infalibilidad. Consiste en no haber recibido todavía las respuestas con las que la sociedad comenzará a formar su conciencia.

Antes de tener conciencia, el SER ya nace con CONSCIENCIA.

Es una CONSCIENCIA primaria, todavía no desarrollada, pero ya existe.

Llamarla primaria y todavía no desarrollada no significa que la CONSCIENCIA sea limitada. Significa que ya existe en el recién nacido, aunque no afirmo conocer todavía qué es lo que se desarrolla ni cómo se relacionan su existencia, sus posibilidades de manifestación, el cuerpo y la conciencia que comenzará a formarse.

La CONSCIENCIA no comienza cuando llegan el lenguaje, el conocimiento o las respuestas aprendidas. Todo eso llegará después y podrá participar en la formación de la conciencia; no constituye el origen de la CONSCIENCIA.

Todavía no poseías lenguaje, pero ya eras.

Ya eras CONSCIENTE, aunque aún no pudieras explicar, definir ni comunicar lo que eras.

Intenta responder sin lenguaje:

¿Quién eres?
¿Qué eres?
¿Para qué eres?
¿Para qué has nacido?

No te preocupes si no encuentras respuestas. Parecen preguntas sencillas, pero quizá sean las más difíciles de responder desde la propia CONSCIENCIA.

A mis setenta y dos años, tampoco sé quién soy, qué soy, para qué soy ni para qué he nacido. A lo largo de mi vida he encontrado muchas respuestas. Algunas añadieron algo a lo que creía ser; otras me obligaron a retirar certezas que parecían definitivas. Ninguna consiguió cerrar la pregunta.

Solo puedo afirmar:

SOLO SÉ QUE SOY.

Puedo afirmar que SOY porque soy CONSCIENTE de mi propio SER.

El SER no puede ser reconocido sin CONSCIENCIA. Esa es la única GRAN RELACIÓN que puedo establecer entre ambos.

Reconocer que SOY no significa saber explicar qué es exactamente el SER. No sé definitivamente qué significa SER. No sé cuáles son sus límites ni si aquello que llamo «yo» contiene todo lo que soy.

No creo que absolutamente nadie, en toda la humanidad pasada, presente o futura, pueda explicar sin ambigüedades qué es exactamente el SER. Esta es mi creencia, no una verdad universal ni una definición cerrada de lo que el SER es.

No soy porque pienso.

Puedo pensar porque SOY.

SOY es la única certeza irreducible que reconozco.

Y, aun así, podría estar equivocado.

Por eso ni siquiera esta certeza puede prohibirme una pregunta.

Reconocer lo que no sé no es para mí una derrota.

Es el lugar desde el que comienza el entendimiento.

Existen INFINITAS PREGUNTAS que requieren INFINITAS RESPUESTAS. Cada buscador obtiene las suyas propias.

Mis respuestas de hoy no tienen que coincidir por completo con mis respuestas de ayer. Una respuesta honesta no queda convertida para siempre en certeza: puede regresar, transformarse, abrir otra pregunta o mostrarme algo que antes no alcanzaba a entender.

No busques la respuesta correcta.

No existe una respuesta que ART-GOT pueda entregarte.

Quizá encuentres una respuesta inmediata.

Quizá descubras que no sabes responder.

Quizá las preguntas cambien mientras las observas.

EL UMBRAL comienza a abrirse cuando percibes la profundidad de la pregunta.

Se atraviesa cuando empieza el entendimiento.


La conciencia heredada

En el momento de tu nacimiento no podías responder con tu nombre, tu familia, tu nacionalidad, tu religión, tu cultura ni tu historia.

...todo aquello ya te estaba esperando.

El SER había nacido con una CONSCIENCIA primaria, todavía no desarrollada.

La conciencia, sin embargo, aún no estaba formada.

Desde que fuiste concebido te integraste a una REALIDAD que existía antes que tú. Antes de que pudieras elegir, otros habían preparado un nombre para llamarte, una familia a la que pertenecerías, una lengua con la que podrías comunicar tus pensamientos y formularte preguntas sobre quién eras, cómo era el mundo y qué lugar podrías ocupar en él.

No recibiste todo aquello porque alguien hubiera concebido un plan único para determinarte.

Lo recibiste porque ningún ser humano comienza su vida sin relación con otros seres humanos.

Necesitabas el cuidado de otros. Recibiste palabras para comunicarte, conocimientos para orientarte, valores para convivir y referencias con las que otros nombraban e interpretaban la REALIDAD que te rodeaba.

Nada de eso creó tu CONSCIENCIA.

Te proporcionó lenguajes, conocimientos y criterios; también respuestas anteriores a tus propias preguntas. Te permitió nombrar, comunicar, comparar y desenvolverte en el mundo humano; no realizó por ti el acto individual de ser CONSCIENTE.

La sociedad hizo posible una parte esencial de tu desarrollo.

La sociedad no es un único arquitecto ni necesariamente un enemigo. Es una construcción humana formada durante generaciones. Contiene lenguajes, familias, culturas, conocimientos, instituciones, valores, prohibiciones, temores, experiencias y certezas.

Gracias a ella recibimos protección y aprendemos a convivir. Recibimos conocimientos acumulados, experiencias de otras vidas y caminos que no necesitamos comenzar siempre desde el mismo punto. Recibimos también respuestas que podemos recorrer durante toda nuestra existencia sin llegar a examinarlas.

Muchas de esas respuestas son necesarias.

Algunas pueden ser verdaderas.

Otras quizá nunca fueron entendidas por quien te las entregó.

Y otras pueden continuar respondiendo en tu lugar sin que hayas percibido su presencia.

La conciencia comienza a formarse antes de que podamos decidir qué deseamos conservar. Recibe conocimientos, experiencias, valores, normas y criterios. Puede ser educada, transmitida, condicionada e incluso impuesta. No nacemos con ella: comienza a formarse después.

La conciencia no es la CONSCIENCIA.

Antes de que la conciencia comenzara a formarse, la CONSCIENCIA primaria ya existía en el SER.

Por eso lo aprendido puede influir en la conciencia; no es el origen de la CONSCIENCIA.

La conciencia tampoco debe ser entendida únicamente como un depósito pasivo de lo que otros introdujeron en ti. Puede contener lo heredado, lo vivido, lo adquirido y también aquello que llegues a discernir desde tu propia CONSCIENCIA.

Lo heredado no constituye por sí mismo una falsedad. Tampoco debes rechazarlo solo porque proceda de otros. El cuidado, el lenguaje, la convivencia y el conocimiento transmitido forman parte de nuestra vida y pueden ayudarnos a expresarnos, orientarnos y relacionarnos.

Recibir una respuesta no significa haberla entendido.

Repetirla durante toda una vida tampoco la convierte en una respuesta propia.

El conocimiento recibido no fecunda por sí mismo la CONSCIENCIA ni establece sus límites. Puede ofrecer materiales, nombres, experiencias y preguntas; no puede pensar, discernir ni entender en tu lugar.

El conocimiento es cerrado cuando se limita a trasladar respuestas ya construidas. El entendimiento permanece abierto porque las examina, establece nuevas relaciones y puede transformarlas desde la CONSCIENCIA.

Por eso la pregunta no es únicamente cuánto has recibido.

La pregunta es desde dónde lo observas y qué haces con ello:

¿Cuánto de lo que afirmas sobre ti procede de tu entendimiento y cuánto aprendiste a repetir?

Quizá algunas de tus respuestas expresen lo que verdaderamente entiendes.

Quizá otras te fueron entregadas antes de que pudieras examinarlas.

Quizá alguna respuesta que un día reconociste como propia ya no exprese lo que hoy entiendes.

No se trata todavía de rechazarlas ni de sustituirlas.

Se trata de descubrir quién está respondiendo cuando dices quién eres.


Conciencia, CONSCIENCIA y Espíritu

Si una parte de aquello con lo que te defines fue recibida antes de que pudieras examinarla, necesitas distinguir desde dónde puedes observarla.

En el lenguaje de ART-GOT, conciencia y CONSCIENCIA no designan lo mismo.

La CONSCIENCIA proviene de CONSCIENTE.

En mi opinión, la CONSCIENCIA deriva directamente del acto individual de ser CONSCIENTE.

No puede derivar de la conciencia.

Existe el acto individual de ser CONSCIENTE.

No existe ningún acto de ser «CONCIENTE».

Antes de tener conciencia, el SER ya nace con CONSCIENCIA: una CONSCIENCIA primaria, todavía no desarrollada, pero existente.

La conciencia es básicamente material.

Se forma con conocimientos, experiencias, valores, normas y criterios. Puede ser adquirida, educada, transmitida, condicionada e incluso impuesta. En ella pueden permanecer las respuestas con las que aprendemos a reconocernos y a desenvolvernos en la REALIDAD.

La CONSCIENCIA es espiritual.

Es individual, personal e intransferible. Nadie puede ser CONSCIENTE desde el lugar interior de otra persona.

La CONSCIENCIA es LIBRE; la conciencia NO.

La limitación sólo reside en la conciencia, nunca en la CONSCIENCIA.

La CONSCIENCIA y la SABIDURÍA son personales e intransferibles. La conciencia puede ser adquirida y transmitida.

Decir que la conciencia puede adquirirse y transmitirse no significa que toda conciencia sea únicamente una acumulación pasiva de enseñanzas recibidas.

Mi conciencia, la mía, no la aprendí: la discerní desde mi CONSCIENCIA.

Esta es mi experiencia. No la convierto en una explicación universal de todas las conciencias ni pretendo cerrar las relaciones que todavía mantengo abiertas.

Sí afirmo una dirección concreta: la CONSCIENCIA no deriva de la conciencia. El acto individual de ser CONSCIENTE y la CONSCIENCIA son anteriores a la formación de la conciencia.

La fertilidad se encuentra en la CONSCIENCIA.

La CONSCIENCIA es el verdadero núcleo del entendimiento.

El conocimiento es terreno baldío si no es regado por la CONSCIENCIA.

De la CONSCIENCIA puede surgir conocimiento contrastado por el discernimiento, el entendimiento y la SABIDURÍA.

Un libro puede transmitirte conocimientos, pero no puede realizar por ti el acto de entender. El entendimiento sólo puede originarse en tu propia CONSCIENCIA.

No se trata de cerrar los libros.

Se trata de que ningún libro piense por ti.

No empleo aquí «espiritual» en el sentido que las religiones atribuyen al espíritu.

Llamo Espíritu a la CONSCIENCIA en acto de no dejarse gobernar por lo meramente heredado y de obedecer tan sólo a lo que, en ella, reconoce como SABIDURÍA, ética y justicia originarias.

Cuando hablo de espíritu puro me refiero al espíritu de un bebé, todavía no contaminado por la sociedad. No hablo de santidad, perfección ni superioridad moral. Hablo de un SER que ya nace con una CONSCIENCIA primaria, aunque su conciencia todavía no se haya formado.

Estas dos expresiones no cumplen exactamente la misma función. «Espíritu puro» nombra la pureza anterior a las respuestas heredadas. «Espíritu», en el sentido que acabo de definir, nombra la CONSCIENCIA en acto cuando aquello que ha sido recibido ya puede ser examinado. No atribuyo al recién nacido un juicio moral o jurídico desarrollado.

Cuando el Espíritu se encuentra ante una ley humana, no acepta ni rechaza su justicia automáticamente por su origen institucional. La examina desde la SABIDURÍA, la ética y la justicia originarias que reconoce. Ese reconocimiento puede equivocarse y también debe ser examinado mediante el discernimiento.

Esto no significa que cada persona pueda incumplir una ley por simple voluntad ni que deba rechazarse la legalidad.

Jamás sostengo que deba rechazarse la legalidad cuando es justa.

Una ley no se vuelve justa por el solo hecho de haber sido promulgada.

Para mí, la CONSCIENCIA pertenece a lo REAL. Es el centro desde el que experimento lo REAL y alcanzo a percibir su manifestación. No afirmo que la CONSCIENCIA sea el centro de lo REAL ni que lo REAL dependa de ella para existir o manifestarse. La CONSCIENCIA no necesita poseer la REALIDAD porque, según mi percepción, no está fuera de ella.

Esta percepción no cierra una ontología.

El SER nace con CONSCIENCIA, pero eso no me autoriza a afirmar que el SER y la CONSCIENCIA sean idénticos ni que sean diferentes.

El SER no puede ser reconocido sin CONSCIENCIA. Esa es la única GRAN RELACIÓN que puedo establecer entre ambos.

Las demás relaciones entre el SER, el ALMA y la CONSCIENCIA permanecen abiertas.

También permanecen abiertas las relaciones entre la REALIDAD, lo REAL y el TODO.

No afirmo conocerlas definitivamente.

Según mi entendimiento:

La CONSCIENCIA es incompatible con la maldad; la maldad únicamente puede estar contenida en la conciencia.

No extiendo esta afirmación a una cadena cerrada entre maldad, voluntad, decisión, acción o responsabilidad. No he establecido esas relaciones.

No necesitas aceptar estas distinciones porque yo las formule.

Puedes observarlas, interrogarlas y contradecirlas desde tu propia experiencia.

La cuestión que permanece ante ti es esta:

Cuando examinas aquello que aprendiste a decir sobre ti, ¿desde dónde lo estás mirando?


El campo de la CONSCIENCIA

He afirmado que el SER nace con una CONSCIENCIA primaria, todavía no desarrollada, pero ya existente.

También he afirmado que la CONSCIENCIA deriva directamente del acto individual de ser CONSCIENTE.

Ser CONSCIENTE no agota todo el campo de la CONSCIENCIA.

Observo en mí una sola CONSCIENCIA, no varias consciencias ni un segundo pensador oculto.

Cuando empleo aquí la palabra consciente, me refiero al estado de vigilia y a la conexión perceptiva que una persona puede mantener con el entorno según sus propias posibilidades. Distingo de ese estado el sueño, la anestesia y los traumas que pueden interrumpirlo o alterarlo. No presento esta manera de nombrarlos como una definición médica universal ni afirmo que toda experiencia interior desaparezca durante esos estados.

También reconozco una actividad que actúa por debajo de aquello a lo que presto atención: la llamo subconsciente.

Mi subconsciente puede continuar relacionando una idea cuando ya no la estoy trabajando conscientemente, tanto durante la vigilia como durante el sueño.

Consciente, inconsciente y subconsciente no son tres consciencias.

Tampoco son tres compartimentos cerrados ni tres pensadores distintos.

Son nombres con los que intento reconocer distintas actuaciones de una misma CONSCIENCIA. No he cerrado si cada uno de ellos debe ser entendido como estado, nivel, actividad o relación.

Posiblemente existan más, pero todavía no tengo claro cuáles pueden ser.

Experimento en mí mismo.

¿Cómo?

Observándome.

Mi forma de pensar aborda una idea de forma consciente. La examino desde diferentes perspectivas, le doy la vuelta, la someto a tensiones, la observo, la discuto y la trabajo.

Cuando ya la considero válida, la dejo.

Válida no significa definitiva.

Mi atención puede abandonarla sin que por ello pueda afirmar que todo trabajo sobre ella haya cesado.

Algunas ideas no regresan. Otras vuelven al cabo de un tiempo indeterminado —horas, días o meses— con nuevas relaciones o propuestas que no desarrollé mientras les prestaba atención.

Observo que regresan transformadas e interpreto que mi subconsciente ha continuado trabajando en ellas.

Cuando regresan, mi consciente vuelve a prestarles atención. Las observo de nuevo, vuelvo a someterlas a tensiones y puedo aceptarlas, modificarlas o descartarlas.

Que una idea regrese transformada no la convierte automáticamente en verdadera.

No afirmo conocer el mecanismo por el que este proceso sucede. Tampoco presento mi observación como una teoría científica universal sobre la mente humana.

Expreso aquello que observo en mí.

Mi vida es y ha sido un pensamiento continuo. Distingo en mí dos formas de pensamiento. Una se ocupa del día a día; la denominaría pensamiento de supervivencia. La otra permanece siempre activa en mí, haciéndome preguntas de todo y sobre todo. A veces ese hilo es visible; otras parece perderse; en muchas ocasiones, ambas formas se superponen. Lo que puedo afirmar categóricamente es que, desde que tengo entendimiento, jamás he dejado de pensar ni un solo instante de mi vida.

Ese pensamiento no avanza siempre en línea recta.

En muchas ocasiones es laberíntico. Otras veces es lineal. Otras se retuerce, vuelve sobre sí mismo o parece desaparecer.

Que deje de percibir el hilo no significa necesariamente que haya dejado de actuar.

La CONSCIENCIA abre un campo de pensamiento sin límites predeterminados.

No hablo de un infinito matemático. Hablo de un campo filosófico cuya amplitud no puedo cerrar.

Entre los estados que puedo nombrar quizá existan innumerables formas intermedias imposibles de definir con exactitud, pero posibles de intuir.

Denomino INFRACONSCIENCIA a la consciencia que todavía no ha madurado y aún no se manifiesta.

Denomino SUPRACONSCIENCIA a la consciencia que nos supera y nos trasciende. Es la consciencia que procede de la fuente originaria, la fuente original; la hacemos nuestra porque nacimos con ella.

No convierto estas denominaciones en grados morales.

No pretendo definir qué es la fuente originaria.

Tampoco cierro la relación exacta entre INFRACONSCIENCIA y SUPRACONSCIENCIA.

Son dos nombres dentro de un campo que considero mucho más amplio que cualquier clasificación.

El hecho de que el SER nazca con una CONSCIENCIA primaria no me autoriza a identificarla automáticamente con la INFRACONSCIENCIA ni con la SUPRACONSCIENCIA. Tampoco me autoriza a negar que exista alguna relación entre ellas.

Esa relación permanece abierta.

Cuando nombro una CONSCIENCIA primaria «todavía no desarrollada» y una INFRACONSCIENCIA «que todavía no ha madurado y aún no se manifiesta», no estoy atribuyendo necesariamente una limitación a la CONSCIENCIA. Tampoco afirmo conocer si el desarrollo pertenece a la propia CONSCIENCIA, a sus posibilidades de manifestación, al cuerpo, a la conciencia que se forma o a alguna relación entre ellos. Mantengo abierta esta cuestión porque no dispongo de una respuesta que pueda cerrarla honestamente.

Desde mi propia observación, creo que Jung utilizó una denominación que yo formularía de otra manera.

A aquello que llamó «inconsciente colectivo», yo lo llamaría subconsciente colectivo.

No pretendo corregir académicamente a Jung ni disminuir la extraordinaria riqueza de su pensamiento.

Expreso una diferencia terminológica nacida de mi propia manera de entender la CONSCIENCIA.

No necesitas aceptar mi observación como una descripción de lo que sucede dentro de ti.

Puedes observarte.

Puedes prestar atención a una idea y preguntarte qué ocurre cuando dejas de atenderla.

Puedes reconocer si alguna vez regresa transformada.

Y puedes formular tu propia pregunta:

¿Hasta dónde alcanza tu CONSCIENCIA cuando tu consciente deja de prestarle atención?


Conocimiento cerrado, entendimiento abierto

El conocimiento puede adquirirse desde fuera.

Reúne y transmite información, formulaciones y experiencias registradas. Puede contener siglos de experiencia y abrir posibilidades extraordinarias.

No todo conocimiento nos llega desde fuera.

También puede brotar de la propia CONSCIENCIA.

El discernimiento lo contrasta.

El entendimiento establece sus relaciones.

La SABIDURÍA reconoce su valor sin convertirlo en una verdad definitiva.

No considero el conocimiento un enemigo.

El conocimiento puede orientarnos, enseñarnos lo que otros descubrieron, preservar experiencias y evitar que cada generación tenga que comenzar de nuevo.

No produce entendimiento por acumulación.

Recibir una respuesta no significa haberla entendido.

Memorizarla no significa haberla discernido.

Repetirla no la convierte en una respuesta propia.

Y acumular respuestas no equivale a establecer relaciones entre ellas.

El conocimiento es cerrado, el entendimiento abierto.

El conocimiento es cerrado cuando permanece como una respuesta terminada que puede ser transmitida, almacenada o repetida.

El entendimiento es abierto porque pregunta, examina, relaciona, reorganiza, descarta y puede originar nuevas posibilidades.

En el lenguaje de ART-GOT, conocimiento, comprensión, discernimiento, entendimiento y SABIDURÍA no cumplen la misma función.

El conocimiento reúne y transmite información, formulaciones y experiencias registradas.

La comprensión permite reconocer lo que sucede y captar su significado inmediato.

El discernimiento examina, distingue y contrasta lo percibido, lo aprendido y lo imaginado.

El entendimiento relaciona causas, experiencias y significados hasta transformar la mirada de quien entiende.

La SABIDURÍA reconoce el valor de lo entendido sin convertirlo en una verdad definitiva; sabe que todavía no sabe. Ningún entendimiento humano puede convertirse en una verdad definitiva, porque el entendimiento evoluciona con nosotros: no es inmutable.

Estas funciones pueden encontrarse, acompañarse y transformarse entre sí, pero no son intercambiables.

Puedes poseer conocimientos sin haberlos comprendido.

Puedes comprender una explicación sin haber examinado todavía si es verdadera, falsa, incompleta o adecuada para aquello que intentas entender.

Puedes discernir entre varias respuestas y, aun así, no haber descubierto las relaciones que les dan sentido.

Y puedes comenzar a entender sin que la SABIDURÍA clausure la búsqueda, porque ninguna SABIDURÍA honesta debería prohibirte continuar preguntando.

He afirmado que el recién nacido no tenía lenguaje, pero sí SABIDURÍA. También afirmo que la SABIDURÍA reconoce el valor de lo entendido. Ambas formulaciones pertenecen a mi pensamiento y no dispongo todavía de una definición que cierre su relación sin empobrecerla. No voy a inventar dos SABIDURÍAS ni a declarar que son idénticas de un modo que no sé explicar. Conservo abierta la pregunta por la relación entre aquello que ya existe al nacer y aquello que llega a manifestarse cuando el entendimiento se desarrolla.

Imagina una biblioteca llena de libros cerrados.

En ellos se encuentran conocimientos sobre magia, religión, política, matemáticas, música, medicina, tecnología y muchas otras formas humanas de observar, explicar y transformar la REALIDAD.

De esos libros surgen piezas de un puzle.

Si te limitas a reproducir en el puzle exactamente las imágenes que ya contienen los libros, solo estarás trasladando conocimiento de un lugar a otro.

Todavía no habrás realizado el acto de entender.

El entendimiento comienza cuando examinas las piezas, las comparas, descubres cuáles pueden relacionarse, adviertes cuáles no encajan, descartas algunas y reconoces que una misma pieza puede adquirir otro sentido cuando cambia su relación con las demás.

A tus pies quedan piezas descartadas: respuestas que examinaste y que no encontraste capaces de integrarse en el entendimiento que estás construyendo.

El puzle no representa una respuesta terminada.

Tampoco debe tener bordes rectos que finjan un límite definitivo para aquello que todavía puede continuar creciendo.

Aisladas, las piezas continúan siendo conocimiento. La CONSCIENCIA las examina y establece relaciones entre ellas.

En el puzle, un hilo recorre y une las piezas, haciendo visibles las relaciones que van dando forma al entendimiento.

No entrega una imagen terminada: permite reconocer un sentido que ninguna pieza contiene por separado.

Por eso:

No se trata de cerrar los libros. Se trata de que ningún libro piense por ti.

Un libro puede transmitirte conocimientos, pero no puede realizar por ti el acto de entender. El entendimiento sólo puede originarse en tu propia CONSCIENCIA.

Un libro puede mostrarte el entendimiento que otra persona consiguió expresar.

Puede suscitar una pregunta, ofrecerte una pieza que no poseías o mostrarte una relación que nunca habías observado.

Cuando esa relación llega hasta ti, llega convertida en conocimiento.

Para que se transforme en tu entendimiento tienes que examinarla, relacionarla y reconocerla desde tu propia CONSCIENCIA.

Coincidir con el entendimiento de otra persona no significa necesariamente que te hayas limitado a repetirlo.

Original no significa que nadie lo haya pensado antes.

Significa que el pensamiento vuelve a originarse dentro de una CONSCIENCIA y no se limita a reproducir automáticamente una conclusión ajena.

Una idea original puede tener un primer autor, pero no un último entendimiento.

Coincidir puede unir. La originalidad hace fructificar.

La CONSCIENCIA no necesita conocimientos previos para comenzar a explorar.

Antes de que llegaran las palabras y las respuestas aprendidas, el SER ya había nacido con una CONSCIENCIA primaria.

Ya existía, pero todavía no estaba desarrollada. Esto no significa que el recién nacido pudiera realizar de inmediato todos los actos que la CONSCIENCIA podrá manifestar durante su desarrollo.

Su primera materia es la experiencia de SER ante la REALIDAD.

La CONSCIENCIA puede observar, sentir, intuir, preguntar, relacionar y discernir.

De ella puede surgir conocimiento original.

Por eso el conocimiento no es necesariamente el comienzo del recorrido. También puede ser uno de sus frutos.

Y, cuando ese conocimiento se comparte, puede convertirse en una nueva pieza para la CONSCIENCIA de otra persona.

La pieza transmitida no contiene el acto de entender que la originó.

La fertilidad se encuentra en la CONSCIENCIA.
La CONSCIENCIA es el verdadero núcleo del entendimiento.
El conocimiento es terreno baldío si no es regado por la CONSCIENCIA.

El conocimiento puede transmitirse.

La comprensión puede facilitarse.

El recorrido consciente puede mostrarse.

El entendimiento debe originarse en cada CONSCIENCIA. La SABIDURÍA puede expresarse mediante sus huellas, sus actos o sus frutos; no puede transferirse terminada de una persona a otra.

Compartimos la búsqueda. El entendimiento nace en la propia CONSCIENCIA.

Entendimiento jamás es caos.

La libertad y la complejidad pueden abrir múltiples relaciones, pero entender exige reconocer un orden capaz de darles sentido.

No se trata de rechazar cuanto has aprendido.

Se trata de impedir que lo aprendido cierre aquello que todavía necesitas preguntar.

¿Puedes examinar lo recibido sin rechazarlo por sistema y sin reemplazarlo inmediatamente por otra doctrina?

¿Qué relaciones descubres cuando el conocimiento deja de ser una respuesta cerrada y tu CONSCIENCIA comienza a entender?


EL GUARDIÁN

Antes de toda respuesta existe una pausa.

En esa pausa habita el Guardián.

Defino EL UMBRAL como el acto CONSCIENTE de atreverse a pensar con absoluta libertad. Lo represento como una puerta invisible entre dos formas de pensar y de mirar: la que permanece sostenida por la conciencia y el conocimiento, y la que comienza a abrirse desde la CONSCIENCIA hacia el entendimiento y la SABIDURÍA.

Ante una puerta solemos imaginar a alguien que custodia una verdad, decide quién puede entrar o exige una prueba para permitir el paso.

En ART-GOT no encontrarás a nadie con ese poder.

El Guardián eres tú.

Eres tú mientras necesitas que las respuestas conocidas continúen sosteniendo el suelo bajo tus pies. Eres tú cuando temes formular una pregunta capaz de poner en duda aquello que te daba seguridad.

El Guardián no es la intuición, el discernimiento ni una facultad interior que seleccione respuestas. No es un gurú, un maestro ni una autoridad exterior. Es quien permanece ante la puerta y todavía debe decidir si se atreve a mirar sin quedar protegido por una respuesta intocable.

Reconocerte como Guardián no significa rechazar lo recibido. Significa reconocer la seguridad que proporcionan las certezas, el temor al vértigo de pensar sin una respuesta protegida y la resistencia a cuestionar aquello con lo que te identificas.

Significa también aceptar que la decisión es tuya.

Nadie te impide atravesar EL UMBRAL, pero nadie puede atravesarlo por ti.

Desde que fui consciente de que «solo sé que nada sé», no puedo afirmar sencillamente que carezca de toda certeza.

SOY es la única certeza irreducible que reconozco.

Y, aun así, podría estar equivocado.

No afirmo que el Guardián haya desaparecido ni que yo haya alcanzado una posición definitiva frente a él. Afirmo que ninguna certeza —ni siquiera la que reconozco como irreducible— puede prohibirme una pregunta.

Como Guardián no necesitas pronunciar una respuesta inmediata.

Tu silencio permite que aparezca la pregunta que las respuestas automáticas mantenían oculta.

¿Qué certezas continúas protegiendo porque temes el vértigo de pensar sin una respuesta protegida?

Y quizá entonces descubras que la puerta no estaba cerrada.

Eras tú quien todavía no se había detenido a mirar.

Atravesarla no te convierte en otra persona.

No cambia quien mira. Cambia la forma de mirar.

La libertad comienza cuando ninguna certeza puede prohibirte una pregunta.

El Guardián permanece ante el instante anterior a la libertad total de pensamiento. Puede atravesar o permanecer. Las dos posibilidades le pertenecen.

¿Te atreves a decidir por ti mismo si atraviesas o permaneces?


EL LABERINTO Y EL HILO

En el mito griego, Ariadna entrega a Teseo un hilo para que pueda internarse en el laberinto sin perder la posibilidad de regresar. Tomo esa imagen antigua y la relaciono simbólicamente con mi propia experiencia.

No presento mi interpretación como una verdad universal.

Cuando fui concebido entré en un laberinto que ya existía.

No lo construí yo. Lo habían construido otros antes de mi llegada. Lo llamo sociedad.

Todos entramos en un laberinto anterior a nosotros, pero ninguno lo recorre de la misma manera.

En mi interpretación simbólica, Ariadna es el alma humana. No empleo la palabra alma en un sentido religioso. Para mí, el alma es el núcleo primordial del SER.

Esta imagen no pretende cerrar una relación ontológica entre SER, ALMA y CONSCIENCIA. Expresa cómo reconozco el hilo en mi propia vida.

Las palabras «núcleo» y «entrega» pertenecen aquí al lenguaje del símbolo. No establecen que el ALMA esté contenida dentro del SER, que sea una entidad separada ni que produzca la vida. Tampoco definen un mecanismo entre el ALMA y la voluntad.

El alma no me entrega un mapa ni me revela una salida. Me entrega el hilo: mi vida.

El hilo comenzó a desplegarse con mi concepción. Desde entonces ha atravesado cada experiencia, cada decisión, cada error, cada pérdida, cada pregunta y cada entendimiento.

Recibir el hilo no determina qué haré con él.

El alma me entrega el hilo. Mi voluntad decide qué hago con él.

Puedo permitir que otros decidan siempre mi recorrido. Puedo aceptar que sus respuestas sustituyan mis preguntas. Puedo olvidar que sostengo el hilo.

También puedo observar, preguntar, relacionar, discernir y recorrer conscientemente mi propio camino.

El entendimiento no destruye el laberinto. Me permite reconocerlo mientras avanzo dentro de él.

La reja que aprisiona el entendimiento no es física. Está formada por las respuestas heredadas que se han vuelto incapaces de admitir una pregunta. Atravesarla no destruye la sociedad ni borra cuanto hemos recibido: devuelve rostro, humanidad y libertad a quien comienza a mirar por sí mismo.

El hilo no es una respuesta acabada ni una ruta idéntica para todos. Establece relaciones dentro del entendimiento y permite sostener la continuidad de una vida incluso cuando el recorrido parece laberíntico, lineal, retorcido o invisible.

No existe una salida universal ni una conclusión idéntica para todos. Cada persona recorre una vida irrepetible y debe generar su entendimiento desde ella.

Dos CONSCIENCIAS pueden coincidir. Coincidir no es malo. El entendimiento fructífero surge de la originalidad: de aquello que vuelve a originarse dentro de una CONSCIENCIA y no se limita a reproducir una conclusión ajena.

Mi muerte finalizará el recorrido que puedo reconocer como existencia corporal.

No sé si también finalizará el hilo.

Atravesar la reja no elimina el laberinto.

Cambia la manera de recorrerlo.


NIGREDO: la respuesta deja de contener la pregunta

En la alquimia, Nigredo representa la oscuridad inicial: el momento en que una forma comienza a descomponerse y deja al descubierto aquello que ocultaba.

En ART-GOT no utilizo Nigredo como sinónimo de sufrimiento, castigo o destrucción.

Para mí, Nigredo comienza con una percepción: una respuesta que hasta entonces parecía suficiente ya no logra contener toda la pregunta.

Tu nombre permite que otros te reconozcan, pero ¿eres solamente tu nombre?

Tu historia explica lo que has vivido, pero ¿eres solamente tu historia?

Tu profesión describe lo que haces, pero ¿explica lo que eres?

Tus ideas expresan lo que piensas ahora, pero ¿nacieron de tu entendimiento o fueron heredadas?

Tu cuerpo forma parte de ti, pero ¿contiene todo aquello que llamas «yo»?

No te propongo negar ninguna de estas realidades. El nombre, la memoria, el cuerpo, los vínculos y las creencias forman parte de tu existencia.

La pregunta es otra:

¿Explican completamente quién eres?

Nigredo comienza cuando percibes que una respuesta conocida ya no basta.

No porque sea necesariamente falsa, sino porque no puede contener toda la pregunta.

No exige destruir lo aprendido, negar tu identidad ni convertir la oscuridad en una prueba. Permite que lo recibido deje de ser una respuesta intocable y se convierta en materia examinable.

EL UMBRAL empieza a hacerse visible cuando te atreves a permanecer ante aquello que todavía no sabes.


ALBEDO: el pensamiento liberado

Después de la oscuridad de Nigredo aparece Albedo: la claridad que surge cuando el ruido comienza a disminuir.

No entiendo el silencio interior como una mente vacía ni como una renuncia al pensamiento.

Lo entiendo como la apertura de un espacio donde el pensamiento pueda moverse sin obedecer automáticamente al miedo, al deseo, al prejuicio, a la costumbre o a las respuestas heredadas.

No necesitas eliminar esas fuerzas interiores. El discernimiento podrá examinarlas.

El silencio impide que decidan por ti qué puedes pensar.

Pensar verdaderamente es un acto de libertad.

En mi experiencia, pensar jamás ha sido agotador.

Pensar jamás me ha agotado. Pensar me ha liberado.

Pensar es mi forma de sentirme vivo. Cuando digo que algunas personas parecen muertos vivientes no me refiero a que sepan menos, carezcan de inteligencia o piensen de manera diferente. Me refiero a quienes permiten que las respuestas heredadas piensen permanentemente por ellas y renuncian a preguntarse por qué viven, creen o actúan como lo hacen.

El pensamiento libre no nace para confirmar lo que ya conoces. Explora, imagina, relaciona, duda, crea posibilidades y atraviesa los límites de aquello que parecía indiscutible.

Pensar es dejar volar el intelecto.

Es soñar despierto.

Nada verdaderamente original puede aparecer cuando obligas al pensamiento a permanecer dentro de conclusiones fijadas de antemano.

La originalidad no consiste en llevar la contraria ni en producir algo extravagante. Original es aquello que posee un origen propio.

Una idea puede haber sido formulada antes por un personaje histórico, un científico, un religioso o una persona anónima. Si la examinas desde tu propia CONSCIENCIA, revisas tu entendimiento y alcanzas tus propias conclusiones, esa idea puede volver a convertirse en origen. De ese encuentro pueden surgir nuevas preguntas capaces de transformar completamente su formulación inicial.

Pensar libremente tampoco significa creer que todo cuanto imaginas es verdadero.

La libertad abre el pensamiento.

El discernimiento examina lo que el pensamiento descubre.

La libertad jamás es caos. No impone una conclusión, pero tampoco convierte cualquier ocurrencia en verdad.

Por eso Albedo no ofrece una respuesta. Ofrece algo anterior y necesario: un espacio interior donde la pregunta puede existir sin ser silenciada inmediatamente.

¿Qué podrías llegar a percibir si, por un instante, no necesitaras tener razón?


CITRINITAS: la luz del discernimiento

En la alquimia, Citrinitas representa el nacimiento de una nueva luz.

En ART-GOT llamo así a la luz del discernimiento: la capacidad de distinguir entre aquello que percibes y aquello que proyectas sobre la REALIDAD.

No toda voz interior procede del entendimiento.

A veces habla el miedo.

A veces habla el deseo.

A veces responde una herida.

A veces repetimos una creencia con tanta convicción que terminamos confundiéndola con una percepción propia.

La intuición puede abrir una posibilidad, pero no convierte automáticamente esa posibilidad en verdad.

El pensamiento puede imaginar una respuesta; todavía debe examinarla.

Cuando intento discernir, me pregunto:

  • ¿Qué he percibido realmente?

  • ¿Qué parte procede de mis temores o deseos?

  • ¿Estoy observando o solamente reaccionando?

  • ¿Esta respuesta explica la REALIDAD o únicamente me tranquiliza?

  • ¿Qué hechos puedo contrastar?

  • ¿Podría estar equivocado?

  • ¿Qué puedo aprender si lo estoy?

Equivocarnos forma parte de la búsqueda.

Todo error verdadero enseña; aprender de él es un acierto.

Esto no convierte sus consecuencias en buenas. Algunos errores son pequeños. Otros pueden resultar extraordinariamente caros.

Discernir no significa vivir paralizado por el miedo a equivocarse.

Significa permitir que la libertad de pensar conviva con la necesidad de examinar aquello que creemos haber entendido.

El reconocimiento originario de la SABIDURÍA, la ética y la justicia puede equivocarse si no se examina. La ley también debe ser examinada: debe respetarse cuando es justa, no obedecerse ciegamente por el solo hecho de ser ley ni rechazarse por el solo hecho de proceder de una institución.

Una semejanza puede originar una pregunta. Una coincidencia puede producir significado. Ninguna relación sugerente debe convertirse por sí sola en prueba.

No se trata de no errar. Se trata de no renunciar a entender lo que el error puede enseñarnos.


RUBEDO: el entendimiento vuelve a la vida

Rubedo representa el momento en que la transformación adquiere vida.

No significa que yo haya alcanzado una verdad definitiva ni que haya resuelto todas mis preguntas.

Representa el instante en que algo percibido, pensado y discernido comienza a transformar mi manera de mirar, decidir y vivir.

Puedo acumular conocimiento sin que mi vida cambie.

Puedo comprender una idea sin entender todavía las causas profundas que actúan en ella.

El entendimiento aparece cuando logro reconocer relaciones, causas y significados que antes permanecían ocultos, y esa percepción modifica mi forma de actuar.

Puedo comprender que una obra de arte me emociona y, sin embargo, no entender por qué me emociona.

Puedo comprender el sufrimiento de otra persona y no entender todavía todo lo que lo ha producido.

Puedo conocer muchas explicaciones sobre el amor y no entender cómo amo.

El conocimiento reúne materiales, experiencias y explicaciones. La CONSCIENCIA puede examinarlos. El discernimiento los contrasta. El entendimiento descubre relaciones capaces de transformar nuestra forma de mirar. La SABIDURÍA reconoce el valor de lo entendido sin convertirlo en una verdad definitiva.

No considero el conocimiento un enemigo. Puede contener siglos de experiencia y abrir posibilidades extraordinarias. No produce entendimiento por acumulación.

La fertilidad se encuentra en la CONSCIENCIA.
La CONSCIENCIA es el verdadero núcleo del entendimiento.
El conocimiento es terreno baldío si no es regado por la CONSCIENCIA.

La CONSCIENCIA no necesita conocimientos previos para comenzar a explorar. La experiencia de SER ante la REALIDAD ya abre la posibilidad de observar, sentir, intuir, preguntar, relacionar y discernir. De ella puede surgir conocimiento original.

Puedo alcanzar entendimientos verdaderos sobre mí mismo, pero nunca un autoentendimiento completo y definitivo. Cada entendimiento me transforma y abre nuevas preguntas.

Rubedo comienza cuando el entendimiento deja de ser solamente una idea y se convierte en una forma consciente de vivir.

Entender no es poseer la verdad. Es comenzar a vivir de acuerdo con aquello que he logrado percibir con claridad.

Rubedo no termina el camino.

Devuelve el entendimiento a la vida.


REFLEXIONES DE NIGRO MATER

Hasta aquí te he hablado mediante símbolos y preguntas. Ahora quiero mostrarte desde qué experiencia personal han nacido.

Lo que sigue expresa mi percepción y mi entendimiento. No tiene por qué convertirse en el tuyo.

Mi primer Umbral

Nací con un intenso dolor de oídos. Durante mi primer año lloré casi constantemente por un sufrimiento que todavía no podía nombrar. No conservo recuerdos conscientes de aquellos meses; conozco lo sucedido porque mis padres me lo contaron.

Los médicos de Barcelona consideraban complicada la intervención que necesitaba y aconsejaron retrasarla tanto como mis padres pudieran soportar. Me operaron al cumplir un año y dejé de llorar.

Antes de que yo pudiera protegerme o comprender lo que me sucedía, mis padres sostuvieron mi vida.

A partir de los dos años comenzaron las crisis de acetona. Permanecía inmóvil en una habitación completamente oscura, con fiebre y dolor. En aquella oscuridad no había una luz exterior que me guiara. La única iluminación era mi mente intentando entender.

No afirmo que entonces pudiera formular las preguntas con las palabras que utilizo hoy. Reconozco en aquel niño la misma forma de pensar que me ha acompañado durante toda mi vida.

Antes de aprender a preguntar con palabras, mi cuerpo preguntó mediante el llanto.

Después llegaron el silencio, la observación y el pensamiento.

Mi laberinto, mi hilo y mi pensamiento

Cuando observo mi vida desde mis setenta y dos años, veo que mis respuestas han cambiado muchas veces.

Mi forma de pensar, no.

Siempre he necesitado observar, relacionar pequeños indicios, detectar contradicciones, preguntar y buscar entendimiento. Esa continuidad es mi hilo de Ariadna y también mi manera de sostenerlo y desplegarlo.

Mi vida es el hilo.

Mi vida ha sido un pensamiento continuo. En muchas ocasiones ese pensamiento es laberíntico; otras veces es lineal; otras es retorcido; otras parece desaparecer.

Cuando una idea ocupa mi atención, la abordo conscientemente. La examino desde diferentes perspectivas, le doy la vuelta, la someto a tensiones, la observo, la discuto y la trabajo. Cuando ya la considero válida, la dejo.

Válida no significa definitiva.

Algunas ideas no regresan. Otras vuelven al cabo de un tiempo indeterminado —horas, días o meses— con nuevas relaciones o propuestas que no desarrollé mientras les prestaba atención. Observo que regresan transformadas e interpreto que mi subconsciente ha continuado trabajando en ellas.

No considero verdadera una idea por el mero hecho de que regrese. Vuelvo a observarla, discutirla y someterla a tensiones. Puede incorporarse a mi entendimiento, transformarse de nuevo o ser descartada.

No es un segundo pensador. Es mi CONSCIENCIA actuando de formas distintas. Consciente, inconsciente y subconsciente son algunos nombres con los que intento reconocer esas actuaciones, no una clasificación cerrada. También denomino INFRACONSCIENCIA y SUPRACONSCIENCIA a otras formas posibles, y no descarto que existan muchas más que todavía no sé definir.

Esta no es una teoría con la que pretenda describir universalmente la mente humana. Experimento en mí mismo observándome. Expreso lo que observo para que quien me lea no lo acepte como doctrina, sino que observe lo que sucede dentro de sí y piense por sí mismo.

Mi laberinto es la realidad social en la que fui concebido.

Mi camino es el recorrido irrepetible que he realizado dentro de ella.

En mi lectura simbólica, Ariadna es mi alma. Ella me entregó el hilo, pero dejó a mi voluntad la responsabilidad de utilizarlo.

No he recorrido mi vida para alcanzar una respuesta definitiva sobre lo que soy. La he recorrido formulando la pregunta y transformando cada respuesta cuando dejaba de contenerla.

No existe una salida universal del laberinto. Cada ser humano debe encontrar la suya.

Mi recorrido corporal finalizará con mi muerte.

No sé si el hilo terminará también.

Mi respuesta

Cuando retrocedo imaginariamente hasta mi nacimiento e intento despojarme de mi nombre, de mi historia y de las respuestas que he aprendido, no encuentro una definición capaz de explicar completamente quién soy.

Mi respuesta honesta es esta:

No sé quién soy.
No sé qué soy.
No sé para qué soy.
SOLO SÉ QUE SOY.

Esta es mi respuesta, no la tuya.

No la presento como una verdad que debas adoptar. Puedes encontrar otra respuesta. Incluso puedes considerar que mis preguntas están equivocadas.

Lo importante no es que coincidamos.

Lo importante es que ninguna respuesta sustituya el ejercicio de tu propia CONSCIENCIA.


ART-GOT: Santuario Digital y Gran Obra

He creado ART-GOT para aportar a la Gran Obra común aquello que he percibido y entendido durante mi propia búsqueda.

No escribo la Gran Obra ni pretendo concluirla.

Escribo en ella.

No escribo desde la certeza de quien cree haber resuelto la existencia. Escribo desde la CONSCIENCIA de una pregunta que me ha acompañado durante toda mi vida.

He dado a ART-GOT la forma de un Santuario Digital porque deseo ofrecer un espacio de pausa, observación y pensamiento en medio del ruido.

No utilizo la palabra santuario para designar un templo, una religión ni un lugar reservado a personas elegidas.

La utilizo para nombrar un espacio dedicado a algo profundamente valioso: la libertad de cada CONSCIENCIA para buscar su propio entendimiento.

ART-GOT nace como mi obra, pero no deseo que permanezca encerrada en mí. Aspira a convertirse en un espacio donde diferentes CONSCIENCIAS puedan encontrarse sin volverse idénticas.

El espacio puede ser común.

El lenguaje puede compartirse.

Las preguntas pueden encontrarse.

El entendimiento debe conservar su origen personal.

Coincidir puede unir. La originalidad hace fructificar.

No busco una comunidad unida por conclusiones obligatorias. Eso produciría doctrina, obediencia y simetría. Aspiro a una comunidad abierta, unida por la curiosidad, el discernimiento, la libertad de cuestionar y el respeto hacia los recorridos diferentes.

Con ART-GOT deseo participar en la Gran Obra común de la humanidad. Cada generación recibe preguntas, experiencias, conocimientos y huellas de los entendimientos de quienes vivieron antes. Puede examinarlos desde su propia REALIDAD, transformarlos y aportar nuevas preguntas a quienes vendrán después.

La Gran Obra también es individual. Nadie puede observarte desde dentro, discernir ni entender en tu lugar.

Compartimos la búsqueda. El entendimiento nace en la propia CONSCIENCIA.

Por qué se llama ART-GOT

El nombre ART-GOT adquirió para mí un significado que contiene la naturaleza de la propia obra.

En Francia, argot designó primero una comunidad y después el lenguaje particular mediante el que sus integrantes se reconocían y comunicaban. El lenguaje conservaba experiencias, relaciones y claves que no podían comprenderse del mismo modo desde fuera del grupo.

La tradición hermética francesa añadió otra relación. En El misterio de las catedrales, Fulcanelli vinculó fonéticamente art gothique, art goth y argotique. Interpretó la catedral gótica como una obra escrita mediante un lenguaje de piedra, geometría, luz y símbolos.

No presento esa relación como una etimología académicamente demostrada. La recibo como una clave simbólica extraordinariamente fértil.

Los maestros constructores no transmitieron únicamente datos sobre su oficio. Sus obras conservaron recorridos de observación, proporciones, signos y entendimientos que podían ser reconocidos por otras personas preparadas para leerlos.

ART-GOT pretende trabajar de una manera semejante con los medios de nuestro tiempo.

La palabra, la imagen, el símbolo y la arquitectura digital forman su lenguaje.

No puedo transferirte mi CONSCIENCIA. Puedo intentar transmitir su huella: las preguntas, relaciones y recorridos que hicieron posible un entendimiento. Tú decidirás qué haces con ellos desde tu propio origen.

ART-GOT es ARTE convertido en lenguaje para aproximar una CONSCIENCIA a otra sin volverlas idénticas.

El antiguo argot podía ocultar para proteger a una comunidad. ART-GOT no pretende ocultar para excluir. Desea ofrecer distintas capas para despertar la curiosidad y permitir que cada lector descubra aquello que sea capaz de reconocer.

ART-GOT no será solamente una obra ni solamente un lenguaje si consigue convertirse en un espacio donde distintas CONSCIENCIAS encuentren caminos propios hacia el entendimiento.

La Gran Obra común e individual

La Gran Obra pertenece a toda la humanidad y, al mismo tiempo, debe realizarse individualmente.

Es común porque ninguna persona comienza su búsqueda desde cero. Cada generación recibe preguntas, experiencias, conocimientos, símbolos y formulaciones nacidas de los entendimientos de quienes vivieron antes.

No recibe la CONSCIENCIA que los originó ni la SABIDURÍA que pudo acompañarlos.

La CONSCIENCIA y la SABIDURÍA son personales e intransferibles. Pueden expresarse sus huellas, mostrarse sus recorridos y compartirse sus frutos, pero cada persona deberá hacerlos germinar desde su propio SER.

Una idea propuesta por cualquier personaje histórico, científico, religioso o anónimo puede ser examinada desde la revisión del entendimiento propio. No es necesario aceptarla ni negarla. Puede volver a ser origen.

De ese trabajo pueden surgir conclusiones originales y nuevas preguntas capaces de transformar completamente la idea inicial.

Una idea original puede tener un primer autor, pero no un último entendimiento.

La originalidad no exige pensar algo que nadie haya pensado antes. Exige que el pensamiento nazca de un origen propio y no de la repetición automática.

Por eso la Gran Obra es también individual. Nadie puede convertir un legado en entendimiento por otra persona.

El entendimiento puede expresarse y compartirse, pero no transferirse terminado.

Puedes recibir la formulación de lo que otra persona ha entendido y conocer el recorrido que siguió. Para que produzca entendimiento en ti, deberás examinarlo desde tu propia CONSCIENCIA.

Puedes ser acompañado durante la búsqueda, pero nadie puede ocupar tu lugar ante ti mismo.

La Gran Obra nunca concluye. Puedo alcanzar entendimientos verdaderos sobre mí mismo, pero nunca un autoentendimiento completo y definitivo. Mientras viva, nuevas experiencias podrán mostrarme aspectos que todavía no había percibido.

Cada entendimiento transforma a quien entiende.

Y toda transformación abre nuevas preguntas.

Por qué empleo la alquimia

Utilizo la alquimia como un lenguaje simbólico de transformación.

También utilizo el lenguaje de la iniciación para expresar un comienzo interior, no para atribuirme autoridad ni convertirte en discípulo.

Utilizo el lenguaje de la iniciación para recordarte que nadie puede iniciarte.

Nigredo representa el cuestionamiento que comienza cuando percibes que una respuesta ya no basta.

Albedo representa la libertad del pensamiento cuando encuentra silencio para explorar.

Citrinitas representa el discernimiento que examina tus percepciones.

Rubedo representa el entendimiento convertido en una manera consciente de vivir.

Estas fases no constituyen un recorrido que se complete una sola vez. Pueden reaparecer cada vez que una experiencia, una pregunta o un error te obligan a revisar aquello que creías entender.

No afirmo que describan una ley sobrenatural ni un proceso idéntico para todas las personas.

Son un mapa simbólico.

Y ningún mapa debe confundirse con el territorio.

En ART-GOT encontrarás umbrales, guardianes, fuego, laberintos, hilos y otros símbolos procedentes de la alquimia y de distintas tradiciones del pensamiento.

No los presento como poderes sobrenaturales ni pretendo que concedan autoridad a quien los utiliza.

Son imágenes mediante las que intento hacer visibles experiencias interiores difíciles de expresar únicamente con conceptos abstractos.

Nadie puede iniciarte en tu propia CONSCIENCIA.

Nadie puede atravesar EL UMBRAL por ti.

El laboratorio es tu experiencia.

El fuego es tu pensamiento.

El discernimiento es el crisol.

El laberinto es la realidad heredada que debes recorrer.

El hilo es tu vida.

Y ninguna transformación será verdadera si no vuelve a originarse en tu propio entendimiento.


Lo que significa atravesar EL UMBRAL

Atravesar EL UMBRAL no significa entrar en una organización, aceptar una doctrina, adquirir una condición especial ni someterse a una identidad colectiva.

Tampoco significa pensar como Nigro Mater.

EL UMBRAL comienza a abrirse cuando percibes la profundidad de una pregunta que ninguna respuesta heredada puede resolver completamente.

Percibir la pregunta todavía no es entender.

EL UMBRAL se atraviesa cuando empieza el entendimiento.

Atravesarlo produce vértigo porque al otro lado no encuentras otra certeza a la que aferrarte. No sustituyes una doctrina por otra, un dogma por otro ni una autoridad por Nigro Mater. Entras en la libertad total de pensar sin que ningún axioma, teoría, hipótesis o certeza heredada permanezca a salvo de la pregunta.

Esa libertad no ofrece suelo firme. Abre la incertidumbre.

La incertidumbre no es ignorancia ni renuncia al discernimiento. Es el reconocimiento consciente de que ninguna respuesta puede clausurar definitivamente la REALIDAD. El conocimiento puede fijar y transmitir sus respuestas; el entendimiento reconoce que cada límite puede ocultar una nueva pregunta.

Por eso EL UMBRAL asusta. Al cruzarlo no desaparece el mundo que conocías. Desaparece la obligación de mirarlo únicamente como te enseñaron.

La libertad comienza cuando ninguna certeza puede prohibirte una pregunta.

Desde antes de nuestro nacimiento, la sociedad dispone explicaciones sobre el mundo y sobre nosotros. Sin ellas, difícilmente podríamos convivir. El problema comienza cuando confundimos esas explicaciones con un entendimiento propio que quizá nunca hemos construido.

No te aconsejo que rechaces cuanto has aprendido.

Te aconsejo que lo examines.

El conocimiento heredado puede contener siglos de experiencia y resultar extraordinariamente valioso. Ninguna institución, tradición, libro, maestro ni autor puede realizar en tu lugar el acto interior de entender.

Esta diferencia también afecta a nuestra relación con los métodos y las instituciones:

El método puede guiar la investigación.
La institución puede conservar el conocimiento.
El investigador debe priorizar el entendimiento.
El entendimiento solo puede nacer en una CONSCIENCIA libre.

El Espíritu no se deja gobernar automáticamente por lo heredado. Examina si aquello que recibe contradice o expresa SABIDURÍA, ética y justicia. Ese examen puede equivocarse; la libertad no puede separarse del discernimiento.

Atravesar no significa abandonar el laberinto. Significa reconocerlo, sostener el hilo y empezar a recorrerlo desde la propia CONSCIENCIA.

No quiero que veas lo que yo veo.

Quiero que te atrevas a mirar.

No quiero que entiendas lo que yo entiendo.

Quiero que no permitas que nadie entienda la vida por ti.

Mis palabras pueden ayudarte a formular preguntas, pero también pueden estar equivocadas. No las aceptes por estar firmadas por Nigro Mater.

Examínalas.

Contrástalas con tu experiencia.

Descubre qué despiertan en ti.

Revisa tu propio entendimiento.

Y conserva únicamente aquello que pueda volver a ser fértil dentro de tu CONSCIENCIA.

ART-GOT no busca autoridad sobre el lector. No pretende sustituir unas respuestas heredadas por otras nuevas.

Pretende abrir una posibilidad:

Que te atrevas a percibir y entender, porque deben ser tus percepciones y tus entendimientos —jamás los de otros— los que den sentido a tu vida.

No me preocupa que contradigas a Nigro.

Me preocuparía que repitieras a Nigro sin haber pensado por ti mismo.

Todas las respuestas residen en el «SER». Solo hay que atreverse a formular las preguntas y buscar sus respuestas en el propio «SER». Fuera de él podemos encontrar conocimientos, indicios y palabras capaces de orientarnos, pero casi nunca respuestas honestas: estas solo pueden ser reconocidas desde el propio «SER».

Mi principio

Solo sé que soy.

Todo lo demás permanece abierto a la pregunta.

Por eso busco constantemente, no para acumular más conocimiento, sino para entender.

La CONSCIENCIA es libre.

La conciencia adquirida no lo es, pero puede ser observada, revisada y transformada desde la CONSCIENCIA.

La fertilidad del conocimiento depende de la CONSCIENCIA que lo examine.

El entendimiento nace de un origen propio.

La SABIDURÍA sabe que no sabe nada.

Puedo alcanzar entendimientos verdaderos, pero nunca un entendimiento definitivo de mí mismo, de la vida ni de la REALIDAD.

La Gran Obra pertenece a todos, pero nadie puede realizarla por otro.

Compartimos la búsqueda.

Cada CONSCIENCIA origina su entendimiento.

EL UMBRAL se atraviesa cuando se empieza a entender.

Nigro Mater


ANTE EL UMBRAL

No necesitas creer.

No necesitas obedecer.

No necesitas conocer la respuesta.

Solo necesitas decidir si deseas formularte la pregunta con honestidad.

Define quién eras en el momento de tu nacimiento. No recurras a las respuestas que has aprendido.

¿Quién eres, qué eres y para qué eres cuando tu nombre, tu historia y lo aprendido ya no responden por ti?

¿Te atreves a descubrir qué queda de ti cuando ya no responden por ti tu nombre, tu historia ni las certezas que has heredado?

¿Te atreves a decidir por ti mismo si atraviesas o permaneces?

Puedes atravesar.

Puedes permanecer.

Puedes contradecirme.

Puedes continuar preguntando.

La decisión es tuya.

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