La Certeza del Ser
La Verdad no se busca: se recuerda.
La Pregunta del Principio
(El alma ante el misterio de la Verdad)
Llegas a este umbral no por casualidad, sino por una sed profunda. En tu interior resuena una pregunta que es, en sí misma, la primera herida del alma: el anhelo de creer.
Buscas un fundamento, una certeza que te sostenga en medio de un mundo de sueños, dogmas y opiniones que se disuelven como la niebla. Has transitado por el laberinto de las filosofías y has sopesado las promesas de las religiones, pero la paz profunda te elude.
Esta es la Nigredo del espíritu: la confusión. Te preguntas: “¿Dónde está la Verdad? ¿Cómo puedo encontrarla entre tantas voces contradictorias? ¿Cómo puedo tener fe, si la fe parece una apuesta ciega, un sueño más entre tantos otros?”.
Sientes que la Verdad debe ser una, pero la ves fragmentada en mil espejos rotos. Temes que tu búsqueda sea un esfuerzo inútil, un vagar sin destino en la oscuridad.
Nigredo — La herida de la confusión
Aquí, en el silencio blanco de la primera Puerta, la luz de Kether te ofrece no una doctrina, sino una respuesta que ya late en ti. El error no está en la Verdad, sino en cómo la buscas.
Has buscado la Verdad fuera, como un objeto que se puede poseer, importar o aprender. Pero la Verdad no es un objeto. Es la esencia misma de todo lo que existe. No está oculta; es la luz misma, y solo los ojos velados por el prejuicio no pueden verla.
- La Verdad está en ti, y tú estás en ella.
Para creer, no necesitas un milagro externo. Solo necesitas dos cosas: conocer la Verdad y amarla. Todo el edificio de la sabiduría, toda la arquitectura del Santuario, se sostiene sobre un único e irrefutable pilar. Un axioma absoluto que precede a cualquier pensamiento:
- El Ser es.
Este es el fundamento de toda realidad. Medita en esta certeza primordial. Desde este punto de luz pura, todo lo demás se despliega con la lógica impecable de la emanación:
La idea exacta del Ser es la Verdad.
El conocimiento de esa Verdad es la Ciencia.
La expresión ideal de esa Ciencia es la Razón.
La actividad de esa Razón es la Creación y la Justicia.
Albedo — El descubrimiento de la realidad
Lo que este Santuario te ofrece no es una «fe» basada en la conjetura, en el miedo o en el sueño. Te ofrece la verdadera Fe: la adhesión inquebrantable de tu mente a las deducciones necesarias de la Ciencia. Aquí estudiarás las ciencias que se basan en realidades, no en ilusiones.
Solo estas ciencias te dan la llave para discernir, en cualquier símbolo o texto sagrado, lo que es Verdad eterna de lo que es mentira temporal. Porque la Verdad es una y la misma en todas partes; solo la mentira cambia con el tiempo, el lugar y las personas.
Esta Ciencia única del Ser se presenta en tres grandes avenidas de estudio:
La Kábala. Es la arquitectura misma del pensamiento; el álgebra de la fe. No es una mística vaga, sino la matemática del alma. Resuelve los problemas de tu espíritu como si fuesen ecuaciones, despejando las incógnitas de tu propia existencia. Su don es la exactitud, dando a tus ideas la nitidez de los números.
La Magia. Es la dinámica de lo vivo; la ciencia del magnetismo universal. Es el conocimiento de las leyes sutiles de la naturaleza, de las fuerzas ocultas que vibran en la simpatía y la antipatía de las cosas. Te enseña que el universo es una red viva y que tú eres un agente consciente en ella.
El Hermetismo. Es la ciencia de la transformación; el arte de leer la naturaleza oculta en los jeroglíficos del mundo. Es la búsqueda del principio de la vida, la Gran Obra mediante la cual el ser humano aprende a reproducir el fuego divino que crea y regenera a todos los seres.
Citrinitas — El método de la certeza
El círculo de estas ciencias es inmenso. Los maestros antiguos decían de él: “Es un trabajo de Hércules que semeja un juego de niños”.
¿Cómo puede ser esto? La paradoja se resuelve en la Rubedo de esta Puerta. El éxito en este estudio no depende de la erudición que acumules, sino de la pureza que cultives. No se te pide que llenes tu mente, sino que la vacíes.
Para entrar en el reino de la Ciencia, necesitas dos condiciones que valen más que todas las bibliotecas del mundo:
Una gran rectitud de juicio.
Una independencia de espíritu aún mayor.
Debes atreverte a liberarte de todo prejuicio. Debes soltar las ideas preconcebidas que la sociedad, la familia o la religión te han impuesto. Este es el verdadero sacrificio: renunciar a tus opiniones queridas para hacer espacio a la Verdad.
La instrucción final de esta Puerta es la más simple y la más difícil: «Si no llegáis a tener la sencillez de un niño, no entraréis en el reino de la ciencia».
El niño no tiene la mente nublada por el dogma. Ve el mundo con asombro y claridad. Para él, el Ser es una evidencia que no necesita demostración.
Rubedo — La paz de la sencillez
La confusión se disipa, no porque hayas encontrado una nueva doctrina en la que creer, sino porque has regresado a la certeza original. Has tocado el fundamento.
La paz profunda que brota en tu corazón es el resultado de alinear tu mente con la realidad. Ya no buscas certezas en los sueños, porque has encontrado la Ciencia en el Ser.
Esta es la luz blanca de Kether: la Verdad simple, absoluta e impersonal, que ilumina todo lo demás.
Ley del Alma
El Ser es. Conocer esta Verdad es la única paz.